Yo no voy a votar por la Guerrilla, y subrayo que lo que quiero decir es que no voy a votar motivado en ella. Estoy muy lejos de aceptar que sean 6 o 7 mil delincuentes los que están concentrando la agenda política hasta el punto de elegir por cuenta de ellos el Presidente de los 45 Millones de Colombianos. Entrar en la discusión de si permanecemos en guerra con la Guerrilla o si negociamos con ellos, como única razón para determinar por quien voto me parece insensato. Darles a las FARC tanto poder sobre mi decisión me parece un absurdo, y aunque sé que hay personas que desde el fondo de su alma piensan de esa manera; respetuosamente me aparto ideológicamente de ellas.
Creo que ni matemáticamente el punto es realmente determinante, las FARC con sus 6 o 7 mil terroristas llevan 50 años dictando en la practica la elección de los presidentes, es decir que el 0.0001% determina el voto de buena parte de los 45 Millones de Colombianos. Las FARC lo saben, pero también lo saben los políticos que usan el temor a ellas como dogma para mantener su poder; también lo saben los otros criminales a quienes les conviene mantenerlas a ellas en la mira del país para ellos mismos volar sus aviones llenos de droga por debajo del radar.
No, me resisto a que esa minoría sea la minoría mas poderosa del país, me resisto a aceptar que no seamos capaces de fijar nuestros ojos en la educación, en la salud y en la transparencia.
Por eso no voy a votar basando mi voto en que solo existan como opciones negociar con las FARC o no negociar con ellas. Porque si lo hago así son las FARC por quien realmente voy a votar. No por ellas, sino determinado por ellas.